Cubasi

Delirio habanero, de Alberto Pedro Torriente, por Teatro de La Luna, confirma la excelencia de una puesta en escena con más de 10 premios, ahora renovada y con una sinceridad que provoca ovaciones cerradas.

Sin duda, estas tres únicas funciones dentro del mega festival Habanarte, en la Sala Adolfo Llauradó, conllevan a la certeza del buen hacer teatral, por su texto contundente, agudo y que toca uno de los temas álgidos de la cubanía y por sus interpretaciones, verdaderas clases magistrales que hacen de Yordanka Ariosa, Yasel Rivero y Luís Manuel Álvarez ideales protagonistas.

Amarilys Núñez, quienes imprimieron con fuerza en el imaginario sus personajes de El Bárbaro, La Reina y Varilla.

Yasel, en el Bárbaro entrega una interpretación redonda, dosificada y llena de matices con una gestualidad, tonos de voz y expresión corporal que por momentos interrumpió la representación para ganarse los aplausos.

Este joven actor parece haber llegado a un punto sin retorno de su carrera, ese en el cual la sinceridad del intérprete se cuela bajo la piel de sus personajes para con naturalidad asombrosa, entregarlos vivos y palpitantes en la escena.

Baste recordar su reciente protagónico en el Horst, de la ya clásica obra teatral Bent, de Martin Shermann, donde encarnó un valiente homosexual, prisionero en le campo de concentración nazi de Dachau, una prueba de fuerza que tuvo como antecedentes a Ian McKellen y Richard Gere.

En apenas unos meses y casi simultáneamente, este actor entregó dos desempeños, muy distintos, demandantes y con una profesionalidad y honestidad dignas de tenerse en cuenta.

Yordanka Ariosa, una de las actrices estrellas de Teatro de La Luna, en su Reina, convence, conmueve y seduce con cada gesto, mirada, intencionalidad de sus parlamentos y movimientos que le hacen dar vida con soltura a uno de esos iconos de la cubanía desgarrada.

Luís Manuel, quien tuvo que vencer el reto de asumir un Varilla, inscripto ya en la memoria por una excelente actriz, también estuvo a la altura de las demandas, en ese desempeño escénico que trata de poner balance entre dos colosos desatados.

Sin duda esta otra versión de Delirio habanero, resulta uno de los grandes sucesos del Habanarte, una de esas joyas de la escena cubana, por donde el tiempo no deja huella alguna, sino por el contrario,  permite otras aristas y derroteros para volver a un tema esencial de la nacionalidad, para encontrar nuevas lecturas y reflexiones a un problema existencial de la humanidad toda.