Fuente: Cuba sí

La 12 Bienal de La Habana se realizará entre el 22 de mayo y el 22 de junio del 2015, una vez más enfocada en los espacios urbanos y bajo la divisa: «Entre la idea y la experiencia».

El próximo año regresa la Bienal, ese espacio múltiple, enriquecedor, al decir de uno de sus presidentes, el destacado crítico e investigador Nelson Herrera Ysla: “siempre participativo, inclusivo y nunca discriminatorio, que ha evolucionado desde las formas tradicionales del arte hasta lo más contemporáneo relacionado con la inserción social”.

“Entre la idea y la experiencia” es esta vez la línea temática que hila el proyecto curatorial de un evento que mantiene en esta ocasión la apuesta por los procesos artísticos, al margen casi siempre del mercado e insertada en los espacios urbanos, entrelazada con la cotidianidad de La Habana, una ciudad que se ha dejado intervenir y transformar con gusto por el arte.

“En esta ocasión el equipo curatorial pretende redimensionar estrategias de trabajo atomizadas en encuentros anteriores para explorar caminos diferentes a los de la mega exposición, aunque estos resulten ejercicios ocasionales. Este giro se inscribe en lo que ha sido uno de los recursos más preciados de la cita habanera: sentir la ciudad y su gente, lo que equivale a involucrar a sus comunidades poblacionales y profesionales, sus micro-políticas y micro-espacios de socialización”.

Así lo declara el texto divulgado en conferencia de prensa por el equipo curatorial de la próxima edición, la cual preside el actual Director del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, Jorge Fernández, quien presentó el proyecto en medio de las celebraciones por el 30 aniversario de esta prestigiosa cita de la visualidad.

“La Duodécima  Bienal de La Habana no tendrá un núcleo central de exhibición. Aspira a instalarse en aquellos intersticios de la ciudad que faciliten el trabajo sobre los presupuestos antes referidos. Estas ideas ampliaran las disímiles  miradas sobre el papel y las funciones  de la curaduría en los escenarios actuales, sobre lo pertinente o no de un tema que presida las dinámicas de la obra misma y el entorno en que esta se produce o sobre la intervención que genera cada  proceso creativo según el lugar y la situación para que fueron pensados. Es importante profundizar en la Bienal del presente para luego comprender cuáles podrían ser los desafíos del futuro”.

Regresa la Bienal, bajo una divisa unificadora, pero abierta a la fusión, interesada siempre en la interacción y el diálogo de toda clase: del artista con el arte, del público con el arte y el artista, y del arte con el arte en sus disímiles manifestaciones. Una vez más la Bienal nuestra se abre a todos los ámbitos de la creación, el cine, el teatro, la danza, la música, pretende ocupar todos los sentidos, convencidos sus organizadores de que:

“… la riqueza semántica que aporta la hibridez en aquello que entendemos como visualidad. La idea esencial es que estos cruces no sean un simple telón de fondo sino que adquieran una presencia protagónica. De ahí nuestro interés en extender una invitación para la confluencia de artistas y especialistas de otras disciplinas”.

La bienal no pretende esta vez, otra vez, encerrarse en galerías o salas expositivas tradicionales, quiere salir a la calle, incorporarse a la vida de la ciudad y escribir más que rumiar teorías o concepciones sobre un arte que se presenta cada día más esquivo de dogmas o anquilosamientos, parte de lo establecido, de las concepciones y los saberes imprescindibles, pero se enriquece en una intención expresa:

“… más que nombrar las prácticas, nos interesa  acompañar procesos de creación transdisciplinarios y de intermediación que impliquen colaboraciones tanto investigativas como de carácter pedagógico. Sigue siendo un hoy  un ejercicio  estéril  instaurar conceptos preconcebidos de lo que entendemos por arte. La percepción colectiva se transforma en los desafíos y las incertidumbres que genera la experiencia;   donde se abren  nuevos horizontes culturales  y se crean otras maneras de sociabilidad  y de interconexión. Los proyectos que se realicen en La Habana deberán incidir en sus moradores bien sea porque estos  participen en su concepción y realización o porque las obras se presenten  como laboratorio social  vivo. Deseamos que las diversas escalas  del tejido urbano: las universidades, los centros de  investigación y todo aquello que haga posible la integración, puedan utilizarse como emplazamiento y material de trabajo”.

Puesto de este modo, parece que ha de preparase la capital cubana para ser sorprendida una vez más por la belleza, en ocasiones noble, muchas veces rara y polémica de la visualidad contemporánea, que no se comprende ni se presenta en La Habana como un hecho aislado, sino como parte del rico y diverso entramado social donde nace, crece y se hace arte.